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12/10/2005

La rebelión de los desheredados.

España: frontera sur del turbocapitalismo

María Toledano

A Xuan Bello, contador de historias.

El colonizado está siempre alerta, descifrando difícilmente los múltiples signos del mundo colonial; nunca sabe si ha pasado o no del límite. Frente al mundo determinado por el colonialista, el colonizado siempre se presume culpable. La culpabilidad del colonizado no es una culpabilidad asumida, es más bien una especie de maldición, una espada de Damocles. Pero, en lo más profundo de sí mismo, el colonizado no reconoce ninguna instancia. Está dominado, pero no domesticado. Está inferiorizado, pero no convencido de su inferioridad. Espera pacientemente que el colono descuide su vigilancia para echársele encima.
Frantz Fanon
Los condenados de la tierra, 1961


Son mujeres y hombres del otro sur, el más allá del sur, con el desagarro seco impreso en sus rostros. Miran como desheredados, parias de la tierra, ojos inyectados en sangre y cansancio, como miraban los españoles mientras cruzaban la frontera de Francia años atrás huyendo de las hordas nacional-católicas: miradas esquivas, temerosas, derrotadas. La misma resignación, el mismo miedo. Vienen por tierra y por mar. La benemérita les aguarda en la playa y eso que el instituto armado está compuesto por gente dada a la emboscada y al monte bajo. Algunas veces, si procede, agitan las porras con saña eléctrica de serpiente. Otras les dan una manta y un bocadillo. Depende del día y de la presencia de las cámaras de televisión. La Guardia Civil de Lorca en funciones misioneras (con el alma de charol vienen por la carretera) acompaña la llegada de los condenados de la tierra con un potente reguero de luz: quedan deslumbrados. A merced del silencio o de los gritos de socorro o del cantar de las cigarras o del rumor de las olas: cegados y abatidos. El turbocapitalismo militar, la versión más sofisticada del imperialismo que la historia occidental recuerda, ha marcado con cal viva los contornos fronterizos, la cartografía.

La argumentación política de masas no carece de interés y encuentra acomodo en las multitudes precarias: la guardia pretoriana del desarticulado estado de bienestar. La llegada masiva de inmigrantes tirará por los suelos (sic) las conquistas sociales históricas de los trabajadores de Europa. Olvidan la ampliación (compra) de la Unión Europea a los países del Este (empezó Alemania, como siempre) y la deslocalización masiva de la industria. Olvidan lo que les interesa: su memoria es selectiva. Los mercados de materias primas determinan la cantidad de mano de obra barata -esclavos modernos- que se precisa para mantener el nivel de producción, distribución y consumo de la sociedad del espectáculo: los servicios varios y la agricultura. Los gobiernos del sur -policía de frontera, rangers de una Europa libre- regulan la entrada. Ceuta y Melilla, con el recuerdo la guerra del Rif, parecen bastiones de amenazada integridad/identidad territorial: el desierto de los tártaros. Por aquellas tierras azules anduvo el comandantín con su colega de armas, el demediado, y todavía recuerdan sus fechorías. La derecha se agita, muñeco de feria, gerifaltes de siempre, al son de banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda. Entre los bienintencionados (frívolos socialistas) y los explotadores de los intensivos mares de plástico caminan los espectros como sombras. Son pobres con cara de pobre (los pobres no tienen color) y distantes aires de mudo. El proletariado ya no es industrial, es vagabundo. El mundo desarrollado es un campo de golf, un parque temático.

Las soluciones son complejas y poco tienen que ver con la regularización o con electrificar las vallas (propuesta del laureado protocaudillo César Vidal en la COPE). El problema es estructural -histórico- y afecta a la viabilidad del capitalismo como sistema de vida y trabajo y al expolio de continentes enteros en beneficio de la permanente riqueza de las naciones. La prensa les llama subsaharianos por no decir negros. Hablan del “efecto llamada” como si fueran conferencias telefónicas a cobro revertido. África es un continente abandonado a su suerte que muere de hambre, guerra y SIDA. La civilización material del capitalismo plástico (o líquido) ha destruido hasta las últimas raíces de su identidad política, social y cultural. Estuve en varios países por debajo de Casablanca y Djerba; he recorrido el norte del continente. África es una ruina donde sólo Cartago recuerda, desde la lejanía de una civilización desconocida, su antigua fuerza de combate. Cartago que intimidó a Roma (otros tiempos) y Nasser que quiso armar el socialismo y no le dejaron. En África queda también alguna pista de aterrizaje clandestina para la CIA o los mercenarios británicos o franceses (depende del país) y Nelson Mandela (un logotipo) que va por el mundo, tras décadas en la cárcel, sonriendo en conciertos benéficos o pidiendo perdón por existir vestido de tuna tropical. Tristes trópicos. Malcom X -¿se acordará alguien todavía?-, preguntó en una conferencia de qué se reían sus hermanos negros, por qué estaban todo el día alegres. No tenían motivo. Los hijos blancos del imperio se gastaron en los burdeles de champán los diamantes arrancados con los dientes por otros, traficaron con hombres y mercancías, destrozaron su geografía. Desde las metrópolis, cansados de ver inmigrantes en sus calles, se observa con cierta y lejana ternura la imposible evolución de África -se habla de la deuda externa y del desarrollo, de cómo acabar con la pobreza extrema- al tiempo que acusan a las élites africanas, formadas en París o Londres, de gastarse en misiles la ayuda humanitaria. La corrupción -sabido es- está inscrita en los genes del expolio. Ellos, los libres, los que comerciaban con los nazis en el 1942 y 1943 (ver El mito de la guerra buena. EE.UU. en la segunda guerra mundial de Jacques R. Pauwels) dan lecciones de moral y maneras de mesa. Europa asiente. Entre la iglesia católica y las ONG´s (si acaso no es lo mismo) cubren el expediente ético de una ciudadanía progresista, humanista, intachable.

En Ceuta y Melilla existen custodiadas alambradas y escaleras de madera ocultas en la noche para entrar en un mundo regentado por la barbarie inferior. En sus saltos y heridas, en los desgarros y la jirones está contenida la rabia y la desolación. Atrás quedan sus familias, hijos y madres, los enfermos. Las mujeres y hombres que recorren los desmontes africanos saben que en Europa serán maldecidos y explotados, trabajarán de sol a sol por medio jornal y nadie sabrá nunca pronunciar su nombre. El martirio cotidiano siempre será mejor que esperar sentados a la puerta del infierno. Famélica legión.

Fuente: Rebelión
12/10/2005 11:51 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

11/09/2005

Neoliberalismo feroz (1)

Recursos naturales y medio ambiente
Por George Reisman
Traducido por Mariano Bas Uribe


Parte A. Recursos naturales

1. El potencial ilimitado de los recursos naturales

El potencial del crecimiento económico no está limitado en modo alguno por una posible extinción de recursos naturales. A pesar de la afirmación hecha tan a menudo de que estamos en peligro de quedarnos sin recursos naturales, el hecho es que el mundo está hecho de recursos naturales —abarrotado de recursos naturales, que se extienden desde los límites superiores de su atmósfera hasta su centro, cuatro mil millas más abajo. Esto es así porque la masa entera de la tierra no está hecha de otra cosa que elementos químicos, todos los cuales son recursos naturales. Por ejemplo, el núcleo terráqueo está compuesto básicamente de hierro y níquel —millones de millas cúbicas de hierro y níquel. Sus océanos y atmósfera están compuestos de millones de millas cúbicas de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbón y de menores cantidades, pero aún así enormes, de prácticamente cualquier otro elemento. Incluso las arenas del Sahara no están compuestas de otra cosa que compuestos de silicio, carbono, oxígeno, hidrógeno, aluminio, hierro, etcétera, todos ellos teniendo quién sabe que utilidades potenciales que la ciencia puede algún día descubrir. Tampoco hay elemento alguno que no exista en la tierra en cantidades superiores en millones a las que se hayan podido extraer mediante minería. El aluminio se encuentra en prácticamente todas partes. Hay inmensas cantidades, incluso de los elementos más raros, como oro y platino, de las que pueden encontrarse trazas en los océanos, por ejemplo.

Lo que es verdad para la Tierra puede aplicarse igualmente a cualquier otro elemento planetario en el Universo. Puesto que el Universo se compone de materia, no se compone de otra cosa que de elementos químicos y, por tanto, de recursos naturales.

Tampoco hay ninguna escasez fundamental de energía en el mundo. Se descarga más energía en una sola tormenta que la que produce toda la humanidad en un año. Tampoco la oferta de energía se reduce en modo alguno en virtud de la energía que el hombre captura de la naturaleza. El calor del sol ofrece un suministro constantemente renovado que es miles de millones de veces mayor que la energía que consume el hombre. La cantidad total de energía en el mundo permanece constante a todos los efectos, con un exceso incalculable respecto de lo que consume el hombre y seguirá así hasta que el sol empiece a enfriarse.

El problema de los recursos naturales no es en ningún sentido de escasez intrínseca. Desde un punto de vista estrictamente físico-químico, los recursos naturales son uno y lo mismo con la oferta de materia y energía que existe en el mundo y, de hecho, en el Universo. Técnicamente, esta oferta puede ser descrita como finita, pero a todos los efectos prácticos, es infinita. No constituye el más mínimo obstáculo a la actividad económica—no hay nada de lo tengamos que privarnos de hacer a causa de que la tierra (dejemos de lado el Universo) corra el riego de quedarse sin algún elemento u otro, o sin energía.

El problema de los recursos naturales es estrictamente de usabilidad, accesibilidad y economía. Esto es, el hombre necesita conocer qué diferentes elementos y combinaciones de elementos de los que ofrece la naturaleza son buenos para su uso y además ser capaz de llegar a ellos y emplearlos en la satisfacción de sus necesidades sin tener que emplear una cantidad desmesurada de trabajo para ello. Claramente, el único límite efectivo en la oferta de esos recursos naturales económicamente utilizables —esto es, recursos naturales en el sentido de que constituyen riqueza— es el estado del conocimiento científico y tecnológico y la cantidad y calidad de los bienes de equipo disponibles.

Puesto que la oferta de recursos que suministra la naturaleza es una y la misma que la oferta de materia y energía, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables puede incrementarse de forma virtualmente ilimitada. Se incrementa a medida que el hombre expande su conocimiento y poder físico sobre el mundo y el universo.

Por ejemplo, el petróleo, que ha estado presente en el suelo durante millones de años, no se convirtió en un recurso natural económicamente utilizable hasta la segunda mitad del siglo diecinueve, cuando se descubrió su utilidad. El aluminio, el radio y el uranio también se convirtieron en recursos naturales económicamente utilizables sólo durante el último siglo aproximadamente. La utilización económica del carbón y, más recientemente, del silicio, se incrementaron grandemente mediante el descubrimiento de nuevos usos adicionales.

La oferta de recursos naturales económicamente utilizables se incrementa no sólo por el descubrimiento de utilidades para cosas que previamente no tenían utilidad en absoluto o por nuevas utilidades adicionales para cosas que ya tenían usos conocidos, sino también por los avances que permiten al hombre facilitar el acceso a esas cosas—por ejemplo, excavando minas más profundas con menos esfuerzo, moviendo mayores masas de tierra con menos esfuerzo, descomponiendo compuestos que antes no podían utilizarse o hacerlo con menos esfuerzo, consiguiendo llegar a regiones de la tierra previamente inaccesibles o facilitando el acceso a regiones ya accesibles. Todo esto incrementa la oferta de recursos naturales económicamente utilizables. Todos ellos, por supuesto, al mismo tiempo otorgan el carácter de bienes y riquezas a lo que hasta entonces eran simplemente cosas.[1]

Hoy día, como resultado de dichos avances, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables es incomparablemente mayor de lo que era al inicio de la Revolución Industrial o incluso hace una o dos generaciones. Hoy día, el hombre puede cavar más fácilmente miles de pies en una mina de lo que antes le costaba cavar diez pies, gracias a avances como equipos de excavación más poderosos, explosivos más potentes, estructuras de acero para bóvedas de minas y bombas y máquinas modernas. Hoy día, un solo trabajador de manejando un buldózer o una pala mecánica puede mover más tierra que cientos de obreros en el pasado utilizando pico y pala. Los avances en los métodos de reducción han hecho posible obtener menas puras de compuestos con los que antes era imposible o demasiado costoso trabajar. Las mejoras en la navegación y construcción de vías férreas y carreteras han hecho posible el acceso a bajo coste a importantes depósitos minerales en regiones previamente inaccesibles o muy costosas de explotar.

A la luz de estos hechos, deberíamos considerar lo estúpido que resulta quejarse, por ejemplo, de que las menas de cobre que hoy día de extraen contengan sólo un 1 por ciento de cobre puro, mientras que a inicios del siglo veinte la menas solían contener un 10 por ciento. Con un trabajador en la cabina de una pala mecánica capaz de mover cientos de miles de veces más tierra en el mismo tiempo que un trabajador con pico y pala, el volumen de cobre puro removido en el mismo tiempo es ahora notablemente mayor, aun cuando las menas tengan la décima parte de pureza. El recursos a estas menas no es una evidencia de que estamos quedándonos sin suministro, sino de que hemos sido capaces de crear fuentes enormemente mayores de suministros que nunca antes. La verdadera realidad de que explotamos esos depósitos es la evidencia de los progresos que hemos hecho. Puesto que no podríamos explotarlos en ausencia de grandes mejoras en la productividad del trabajo.

De forma similar, el desarrollo de fertilizantes químicos y métodos de irrigación de bajo coste han permitido al hombre no sólo incrementar radicalmente la productividad del terreno cultivable, sino de hecho crear más terreno cultivable. Hoy día, terrenos antes desérticos o semidesérticos se han convertido en mucho más productivos que las mejores tierras disponibles para las generaciones anteriores. Israel y California son buenos ejemplos.

No hay límite para los posibles avances futuros. El hidrógeno, el elemento más abundante en el universo, puede convertirse en una fuente de energía económica en el futuro. Explosivos atómicos y de hidrógeno, láseres, sistemas de detección por satélites e incluso los propios viajes espaciales abren nuevas e ilimitadas posibilidades de incrementar la oferta de minerales económicamente utilizables. Los avances en la tecnología minera que harían posibles excavar económicamente a una profundidad de, digamos, diez mil pies, en lugar de las profundidades actualmente mucho más limitadas o cavar minar bajo los océanos, también incrementarían la porción de masa terráquea accesible al hombre de forma que todos los suministros previos de minerales accesibles parecería insignificante en comparación. E incluso a diez mil pies, el hombre solo estaría, casi literalmente, arañando la superficie, ya que el radio de la tierra se extiende a una profundidad de cuatro mil millas.

Como ya se ha indicado, son posibles avances igualmente drásticos en el campo de la energía. Éstos pueden provenir del uso de la energía atómica, fusión de hidrógeno, energía solar, energía de mareas o energía geotérmica, o incluso por otros procesos aún desconocidos. Las reducciones en los costes de extracción del petróleo de sedimentos óleos y arenas bituminosas proporcionan potencial para expandir el suministro de petróleo económicamente utilizable con una enorme capacidad multiplicadora respecto de la actualidad. El volumen físico del petróleo presente en formaciones como nuestras Montañas Rocosas y Canadá excede con mucho las reservas de petróleo líquido de los países árabes. Todo lo que se necesita es la manera de reducir los costes de extracción.[2] Igualmente también hay grandes terrenos carboníferos conocidos en Estados Unidos suficientes para cubrir la demanda de consumo de carbón para varios siglos y todavía capaces de hacerlo de una forma rentable. Puesto que la mayor parte de los productos petrolíferos pueden fabricarse a partir del carbón, las reducciones en su coste para esos fines podrían representar el equivalente a un enorme incremento en el suministro de los depósitos de petróleo económicamente utilizables.

Puesto que la tierra no es otra cosa que literalmente una inmensa bola sólida de elementos químicos y puesto que la inteligencia e iniciativa humanas en los últimos dos siglos ha sido relativamente libre para operar y ha tenido el incentivo de hacerlo, no debería sorprender que la oferta de minerales accesibles y utilizables exceda hoy con mucho a la que el hombre es económicamente capaz de explotar. Virtualmente en todos los casos, hay enormes reservas conocidas de minerales que no se explotan, por que no es necesario explotarlas. De hecho, si se explotaran habría una sobreproducción relativa de minerales y una relativa escasez de otros bienes —es decir, un despilfarro de capital y trabajo. Virtualmente en todos los casos, es necesario elegir qué depósitos explotar— esto es, aquéllos que, por razón de su ubicación, la cantidad de excavación requerida, el grado de concentración y pureza de las menas y otros motivos, pueden explotarse con los costes más bajos. Hoy día, se mantienen sin tocar enormes depósitos minerales que podrían explotarse con poco trabajo más unidad que lo que costaban los mejores depósitos explotados hace pocas décadas —gracias a los avances en tecnología minera y la cantidad y calidad del equipamiento minero disponible.

Mientras los hombres preserven la división del trabajo, la sociedad capitalista y sean libres y estén motivados para pensar y construir el futuro, el cuerpo de conocimientos científicos y tecnológicos a disposición de la humanidad crecerá de generación en generación, al igual que el equipo capital.[3] Desde esta base, el hombre puede expandir constantemente su poder físico sobre el mundo y así disfrutar de una oferta cada vez mayor de recursos naturales económicamente utilizables. No hay razón para que, bajo la existencia continuada de una sociedad libre y racional, la oferta de dichos recursos naturales no siguiera creciendo tan rápidamente como en el pasado o más aún.

La clave básica para la disponibilidad económica de recursos naturales es la inteligencia humana motivada y lo que significa: una sociedad capitalista. En una sociedad de este tipo, gran parte de la gente más inteligente dedica sus vidas a la ciencia la tecnología y los negocios. Todos están altamente motivados para incrementar la oferta de recursos naturales económicamente utilizables ante la perspectiva de hacer fortuna por cada éxito significativo que obtengan en este aspecto. No puede haber mayor garantía de capacidad humana para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales.

Los principios esenciales relativos a los recursos naturales pueden resumirse como sigue. Los que la naturaleza ofrece es un suministro de materia y energía que a todos los efectos prácticos en infinito. Al mismo tiempo, la naturaleza no ofrece una sola partícula de recursos naturales en forma de riqueza. La concesión del carácter de bienes económicos y riqueza sobre lo que la naturaleza ofrece es la labor de la inteligencia humana. Una tarea económica esencial del hombre es aplicar progresivamente su inteligencia para lograr una creciente comprensión de la naturaleza y para construir progresivamente mayores y más poderosas formas de bienes de equipo que le den cada vez mayor control sobre la naturaleza.

En este proceso, tanto los avances en conocimiento como en bienes de equipo constituyen por sí mismos una etapa para posteriores avances en conocimiento y bienes de equipo, operando así para dar al hombre mayor comprensión y poder físico sobre la naturaleza —por supuesto, suponiendo que continúe siendo racional, esto es, que continúe pensando y actuando a largo plazo. Por ejemplo, aprender aritmética es una etapa previa a aprender álgebra, que es a su vez una etapa para aprender cálculo y así sucesivamente. Ser capaces de construir las iniciales y primitivas vías férreas y acerías da la capacidad física de poder construir más adelante más y mejores vías férreas y acerías. El desarrollo de la industria metalúrgica es una etapa para el desarrollo de una industria eléctrica y de componentes, que es una etapa para el desarrollo de una industria electrónica e informática, que a su vez es una etapa para el desarrollo de la capacidad de lanzar naves espaciales y así sucesivamente. La combinación del incremento en el conocimiento y en las capacidades físicas hace que una fracción creciente de la masa física de la Tierra y por tanto del universo está cada vez más bajo el poder del hombre para servir a sus fines y así continuamente se engrandece la fracción de la naturaleza que representan los recursos naturales económicamente utilizables y por tanto la riqueza.

Por tanto, la porción de la naturaleza que representa riqueza debe entenderse como una diminuta fracción que empieza virtualmente en cero e incluso aunque desde entonces se haya multiplicado en varios centenares, todavía es virtualmente cero cuando se considera cuán pequeña es la porción de masa terráquea, no digamos del Universo, que está sometida al control del hombre y cuán lejos está el hombre de entender todos los aspectos y utilidades potenciales de lo que ha llegado a estar bajo su control. Parafraseando la afirmación de Ayn Rand de que lo bueno es un aspecto de la realidad en relación con el hombre: A todos los efectos prácticos, la naturaleza en su infinitud siempre permanecerá lejos de aquellos bienes en relación al hombre que queden por descubrir y dominar respecto de los que hasta ahora se hayan descubierto y dominado, siendo los requerimientos esenciales para avanzar en este proceso la razón y el capitalismo.[4] La razón y el capitalismo posibilitan el progresivo engrandecimiento del carácter de bien y riqueza de la naturaleza y por tanto un incremento continuo en la oferta de recursos naturales económicamente utilizables. No sólo no puede encontrarse mejor garantía de la capacidad de la humanidad para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales, sino que la metafísica subyacente en una naturaleza virtualmente infinita que se enfrenta a una inteligencia humana motivada, que expande continuamente el conocimiento y las capacidades físicas del hombre, asegura que no es necesaria ninguna otra garantía para el éxito de la humanidad.

La creciente amenaza a la oferta de recursos naturales de la que la gente empieza a quejarse no es el resultado de nada físico—no más de lo que lo era cuando se escribieron estas terribles y desesperadas palabras:

Debéis saber que el mundo se ha hecho viejo y no mantiene si antiguo vigor. Él mismo da testimonio de su propio declinar. Las lluvias y el calor del sol están disminuyendo; los metales están prácticamente agotados; el agricultor fracasa en los campos, el marinero en los mares, el soldado en el campo de batalla, la honradez en el mercado, la justicia en las cortes, la armonía en las amistades, la habilidad en las artes, la disciplina en la moral. Esta es la sentencia dada al mundo, que todo lo que tiene un inicio perece, que las cosas que llegan a la madurez envejecen, la fortaleza se debilita, lo grande empequeñece y después de la debilitación y el empequeñecimiento viene la disolución.[5]

Este pasaje no es una cita de algún ecologista o conservacionista contemporáneo. Se escribió en el siglo tercero—mucho antes de que el primer trozo de carbón, gota de petróleo, onza de aluminio o cualquier cantidad significativa de cualquier mineral hubiera sido arrancado de la tierra. Entonces como ahora, el problema no era físico, sino filosófico y político. Entonces como ahora, la gente se alejaba de la razón y se dirigía al misticismo. Entonces como ahora, crecían menos libres y se encontraban cada vez más bajo el poder de la fuerza física Por eso creían, y por eso la gente en nuestra cultura empieza a creer, que el hombre está indefenso frente a la naturaleza. No hay indefensión en absoluto. A los hombres que usan la razón y son libres de actuar, la naturaleza les da cada vez más. A aquéllos que se alejan de la razón o no son libres, les da cada vez menos. Y nada más.

La crisis energética

Se ha hablado mucho de escasez de energía. Obviamente no hay escasez de energía en la naturaleza y no hay razón inherente por la que la humanidad no pueda ser capaz de continuar con el progreso de los dos últimos siglos y obtener un acceso económico a más y más oferta de una energía natural virtualmente infinita.

Incluso si se secaran los depósitos de petróleo líquido en los próximos cincuenta años, no hay razón por la que, antes de que se sequen, los hombres no puedan ser capaces de producir productos petrolíferos a partir de sedimentos óleos, arenas bituminosas o carbón con menos trabajo que el que se emplea hoy día para el petróleo líquido—tal y como actualmente se produce hierro y cobre a partir de menas relativamente de menor pureza con bastante menos trabajo que el que se empleaba en menas de mayor pureza. De hecho hoy hay productos petrolíferos que se pueden producir a partir de estas fuentes con bastante menos trabajo del que se podía emplear en el pasado para producirlos a partir del petróleo líquido. El poder de la mente humana, operando en el contexto de una sociedad capitalista y de división del trabajo es evidentemente tal, que no deja lugar a dudas de que se podrían logran resultados beneficiosos similares con respecto a los productos petrolíferos en los próximos años.

La crisis energética de los años 70 fue puramente política. Esencialmente, fue el resultado de hacer completamente ilegal producir energía. En casi todos los países extranjeros, la propiedad de los depósitos de petróleo y gas natural se ha convertido en monopolio del gobierno. Simplemente, es ilegal para los ciudadanos privados producir esos bienes y por tanto su producción se ha restringido por todas las ineficiencias de la propiedad gubernamental.[6] En Estados Unidos, el Gobierno Federal se atribuye la propiedad de la plataforma continental y de la mayor parte de los terrenos de los Estados del Oeste. A partir de esta atribución, y bajo la justificación de la “preocupación por el medio ambiente” ha vetado el aprovechamiento de muchas de las más prometedoras áreas de prospección de petróleo y gas. Se han dejado aparte como “reservas de la vida salvaje” y “áreas silvestres” y así se ha prohibido su explotación. De esta forma, y mediante otras que explicaremos más adelante en este libro, el gobierno hizo ilegal producir energía. Ésta es la única razón por la que hubo una crisis de energía.[7] La reducción sustancial en el intervencionismo estatal que se llevó a cabo a inicios de los 80, sobre todo la eliminación de los controles de precios en el petróleo, hizo desaparecer la crisis energética. Lograr un mercado de la energía completamente libre aseguraría la recuperación de la creciente abundancia de la energía y la disminución del coste real que caracterizó al mundo occidental en los doscientos años anteriores a los 1970.
Sin embargo, lamentablemente, la política gubernamental de restringir la oferta de energía continúa. Continúa preservando cada vez más territorio de su exploración y explotación: prácticamente toda la plataforma continental de los Estados Unidos tiene vetadas nuevas perforaciones petrolíferas y es dudoso que se autoricen nuevas explotaciones en Alaska. El gobierno incluso prohíbe el uso de instalaciones ya existentes para producir energía, siendo los dos casos más conocidos la planta de energía atómica de Shoreham, en Long Island, en el estado de Nueva York y la refinería de fuel y gas Gaviota, cerca de Santa Barbara, California. La planta de Shoreham, completada en 1984, con un coste de cinco mil quinientos millones de dólares (5.500.000.000$), tiene capacidad para cubrir la tercera parte de las necesidades de energía de los más de 900.000 hogares de Long Island. Sin embargo, nunca se le ha permitido operar más allá del nivel de pruebas y en octubre de 1994 se desmanteló de hecho su reactor nuclear.[8] La planta Gaviota, completada en 1987 con un coste de dos mil quinientos millones de dólares (2.500.000.000$), tiene capacidad para refinar 100.000 barriles de petróleo diario. Pero tampoco ha recibido nunca permiso para operar, a causa de las políticas medioambientales del Estado de California y el Condado de Santa Barbara.[9]

[1] La mayor parte de esta sección apareció previamente en mi libro The Government Against the Economy (Ottawa, Ill.: Jameson Books, 1979), páginas 15-19.

[2] En los últimos años se han hecho progresos considerables en la reducción de los costes de extracción de petróleo de arenas bituminosas, hasta el punto de que constituyen aproximadamente una cuarta parte de la producción de crudo de Canadá. El petróleo recuperable sólo de los depósitos de Alberta se estima en 300 mil millones de barriles, frente a los 265 mil millones de barriles estimados para Arabia Saudí. Ver el New York Times de 28 de diciembre de 1994, página C5.

[3] Ver George Reisman, Capitalism (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1998), páginas 123-128, para una explicación de cómo la división del trabajo ofrece un marco para el crecimiento económico continuo. Ibídem, páginas 176-180, una explicación de cómo, en una sociedad con división del trabajo la expectativa de ganancias conlleva un crecimiento económico continuo y también, páginas 622-642 para una explicación del proceso de acumulación del capital.

[4] Ver Ayn Rand, Capitalism: The Unknown Ideal (New York: New American Library, 1966), página 14.

[5] En W. T. Jones, The Medieval Mind, volumen 2 de A History of Western Philosophy (New York: Harcourt, Brace, and World, 1969), página 6.

[6] Ver George Reisman, Capitalism, páginas 303-304, para conocer las razones por las que la propiedad gubernamental de una industria causa ineficiencia.
[7] Ibídem, páginas 234-237.

[8] “Completado el desmantelamiento de la Planta Nuclear de Shoreham”, New York Times, 13 de octubre de 1994, página B6. Ver también “Nuevo episodio en Shoreham: New York pleitea para quedarse con la Planta”, Ibíd., 29 de junio de 1990, página B3. Es de destacar que los ecologistas que destruyeron la planta de Shoreham atacaron a su propietaria, la compañía Long Island Lighting (Lilco), por tener tarifas eléctricas altas, aunque sus políticas no tengan nada que ver con estas tarifas. Además, parece que la aceptación de Lilco en su eliminación total se obtuvo mediante una oferta de adquisición de 9 mil millones de dólares por parte del Estado de Nueva York, que se va a financiar con la venta de bonos municipales por esa cantidad. Si se hace efectiva esta oferta, se repetiría la secuencia evidenciada previamente en la adquisición gubernamental de la industria ferroviaria americana, esto es, en primer lugar, la destrucción gubernamental de la rentabilidad de una industria o compañía, seguida por el alivio comparativo de la socialización a un precio que al menos ofrezca en cierto modo una compensación. A partir de un comunicado oficial sobre la oferta de adquisición, que incluía un precio de compra de acciones de Lilco a 21,50$ la acción, éstas subieron de 25 céntimos a 17.375$ en la Bolsa de Nueva York. (Wall Street Journal, edición Oeste, 28 de octubre de 1994, página A9.)

[9] Ver “Las crisis de Oriente Medio pone de nuevo la atención en una refinería abandonada en California”, New Tork Times, 1 de septiembre de 1990, página 1.

Fuente: Liberalismo.org
11/09/2005 13:07 Enlace. Tema: Internacional Hay 1 comentario.

04/09/2005

Cómo el libre mercado mató a Nueva Orleáns

Michael Parenti
Znet


El libre mercado desempeñó un papel crucial en la destrucción de Nueva Orleáns y la muerte de millares de sus residentes. Advertidos por adelantado que un colosal huracán (de fuerza 5) iba a abatirse sobre la ciudad y los alrededores, ¿qué hicieron los funcionarios? Pusieron en juego el libre mercado.

Anunciaron que todo el mundo debía evacuar la ciudad. Se esperaba que cada cual ideara su propia salida del área de desastre por medios privados, así como lo dicta el libre mercado, al igual que ocurre cuando el desastre asesta a los países de libre-mercado del Tercer Mundo.

Es una cosa hermosa, este libre mercado, en el cual cada individuo persigue sus propios intereses personales, de tal modo que efectúe un resultado óptimo para la sociedad entera. Es así como la mano invisible obra sus maravillas.

Allí no habría ninguna evacuación "colectivista y regimentada", como ocurrió en Cuba. Cuando un huracán de alcance especialmente grande golpeó esa isla el año pasado, el gobierno de Castro, apoyado por los comités ciudadanos de vecinos y los cuadros locales del Partido Comunista, evacuó a 1,3 millones de personas, más del 10 por ciento de la población del país, sin la pérdida de una sola vida; una hazaña alentadora que pasó prácticamente inadvertida en la prensa estadounidense.

En el Día Uno del desastre causado por huracán Katrina, ya quedaba claro que centenares, sino miles, de vidas americanas se habían perdido en Nueva Orleáns. Mucha gente se había "negado" a evacuar, explicaron los reporteros de la prensa, simplemente porque eran "tercos". No era sino hasta al Día Tres que los comentaristas -relativamente pudientes- comenzaron a darse cuenta que decenas de miles de personas no habían podido huir, porque no tenían a donde ir, ni medios para desplazarse. Con poco dinero en efectivo a la mano, y carentes de vehículo propio, no les quedó más que permanecer allí y confiar a la suerte. En fin de cuentas, el libre mercado no funcionó tan bien para ellos.

Buena parte de esta gente era Afroamericana de bajo ingreso, junto con un número menor de blancos pobres. Vale recordar que la mayoría de ellos tenía un empleo antes de la visita mortal de Katrina. Eso es lo que hace la mayoría de la gente pobre en este país: trabaja, generalmente muy duro en empleos muy mal pagados, a veces en más de un empleo a la vez. Son pobres, no porque son perezosos, sino porque les cuesta sobrevivir con salarios de miseria, a la vez que cargar con altos precios, alquileres elevados e impuestos regresivos.

El libre mercado incidió también de otra forma. La agenda de Bush es achicar los servicios estatales al mínimo y obligar a la gente a recurrir al sector privado para atender sus necesidades. Entonces, recortó $71.2 millones del presupuesto del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleáns, una reducción del 44 por ciento. Y tuvieron que archivarse los planes para fortificar los diques de Nueva Orleáns y para mejorar el sistema del bombeo para el drenaje de agua.

Bush sobrevoló el área y dijo que nadie habría podido prever este desastre. Una mentira más que sale de sus labios. Toda clase de gente había estado prediciendo un desastre para Nueva Orleáns, señalando la necesidad de consolidar los diques y las bombas, y fortificar las tierras costeñas.

En su campaña para aniquilar al sector público, los secuaces reaccionarios de Bush también permitieron que los constructores drenen áreas extensas de pantano. Una vez más esa vieja mano invisible del libre mercado se encargaría de cuidar las cosas. Los constructores, persiguiendo su propia ganancia privada, aducirían que se trata de respuestas en beneficio de todos.

Sin embargo, los pantanos servían como absorbente y barrera naturales entre Nueva Orleáns y las tormentas que llegan desde mar adentro. Desde hace ya algunos años, los pantanos han estado desapareciendo a un ritmo espantoso de la costa del golfo. Pero nada de esto les causó preocupación a los reaccionarios en la Casa Blanca.

En cuanto a la operación de rescate, los defensores del libre mercado suelen decir que la ayuda a los más desafortunados entre nosotros se debe dejar en manos de la caridad privada. Era una prédica preferida del presidente Ronald Reagan decir que "la caridad privada lo puede resolver". Y de hecho durante los primeros días, esa parecía ser la política para el desastre causado por el huracán Katrina.

El gobierno federal se hizo humo, pero la Cruz Roja entró en acción. Su mensaje: "No envíen alimentos ni mantas; envíen dinero". Mientras tanto, Pat Robertson y la Christian Broadcasting Network, -haciendo una breve pausa en su obra divina de impulsar el nombramiento de John Roberts a la Corte Suprema- hizo un llamado para donaciones y anunció la "Operación Bendición", que consistía en un envío altamente publicitado pero totalmente inadecuado de conservas y biblias.

Para el Día Tres, incluso los medios miopes comenzaron a darse cuenta del enorme fracaso de de la operación de rescate. La gente se estaba muriendo porque la ayuda no había llegado. Las autoridades parecían más preocupadas en prevenir el saqueo que en el rescate de la gente. Era la propiedad antes que la gente, así como los defensores del libre mercado siempre lo han querido.

No obstante, surgieron preguntas que el libre mercado no parecía capaz de contestar: ¿Quién estaba a cargo de la operación del rescate? ¿Por qué tan pocos helicópteros y a penas un puñado de guardacostas? ¿Por qué los helicópteros demoraron cinco horas en sacar a seis personas de un hospital? ¿Cuándo se pondría en plena acción la operación de rescate? ¿Dónde estaban los feds (policía federal)? ¿Los troopers del estado? ¿La Guardia Nacional? ¿Dónde estaban los autobúses y los camiones? ¿Las carpas e higiénicos portables? ¿Las provisiones médicas y el agua?

¿Dónde estaba la Seguridad Interior? ¿Qué ha hecho la Seguridad Interior con los $33,8 mil millones asignados a ella en el año fiscal 2005? Incluso el propio noticiero de la tarde de ABC-TV (del 1 de septiembre 2005) citó a funcionarios locales que dijeron que "la respuesta del gobierno federal ha sido una vergüenza nacional".

En un momento de ironía sabrosa (y quizás pícara), llegaron ofertas de ayuda exterior por parte de Francia, Alemania y varias otras naciones. Rusia ofreció enviar dos aviones cargados alimentos y de otros materiales para las víctimas. Como era previsible, todas estas ofertas fueron velozmente rechazadas por la Casa Blanca. América, la Hermosa y Poderosa, América el Salvador Supremo y Líder Mundial, América el Proveedor de la Prosperidad Global no podía aceptar la ayuda exterior de otros. Eso sería una inversión de roles humillante e insultante. ¿Será que los franceses buscaban otro puñete en la nariz?

Es más, aceptar la ayuda exterior hubiese significado admitir la verdad: que los bushistas reaccionarios no tenían ni el deseo ni la decencia de proteger a los ciudadanos comunes, cuando menos a aquellos en situación de necesidad extrema. Quien sabe si la gente comenzaría a pensar que George W. Bush realmente no era más que un agente a tiempo completo de la América corporativa.

- Michael Parenti es autor de: "Superpatriotism (City Lights)" y "The Assassination of Julius Caesar" (New Press), entre otros libros. En el otoñó lanzará "The Culture Struggle" (Seven Stories Press). www.michaelparenti.org. Fuente: ZNet (http://www.zmag.org). Traducción del inglés: ALAI.

Fuente: Rebelión
04/09/2005 19:47 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

02/09/2005

Típica crónica tópica de un desastre natural en una República Bananera

Koldo
Rebelión


1.- A pesar de saberse la trayectoria y dirección de la tormenta Katrina desde siete días antes, sólo a última hora comenzaron a activarse los mecanismos de seguridad y socorro.

2.- Sólo fueron trasladados los ciudadanos que pudieron costearse su salvación, que pudieron pagar su socorro.

3.- Los guardias nacionales encargados de preservar las vidas en las ciudades y comarcas inundadas, no estaban en ese servicio, sino empleados en otros afanes y oficios, a 12 mil kilómetros de distancia, en Iraq.

4.- Buena parte del material de socorro que debió servir para resguardar la vida de la población amenazada por la tormenta, ya transformada en huracán, tampoco estaba donde debía sino en Iraq.

5.-No había habilitados refugios en condiciones ni dotados de comida, linternas, mantas o agua potable.

6.-La población más pobre y más negra ha sido la más perjudicada y la que más muertos y desaparecidos ha aportado a la tragedia.

7.-Turbas armadas asaltan supermercados y llegan, incluso, a disparar contra los helicópteros de rescate.

8.-A las zonas de desastre llegaron antes los periodistas que los médicos y las cámaras de televisión que los botiquines.

9.- Todavía se ignora el número de muertos y desaparecidos.

10.- El presidente estaba de vacaciones.

Fuente: Rebelion
02/09/2005 11:49 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

10/08/2005

Carta abierta a George W. Bush


Ralph Nader


El 28 de junio usted le habló por televisión a la nación sobre Irak. Usted dijo que las muertes, la destrucción y el sufrimiento en ese país eran “horribles y reales”. Y agregó: “Sé que los norteamericanos se preguntan si este sacrificio vale la pena”. Usted agregó que “vale la pena” y explicó su postura.

Yo le pregunto: ¿quién se sacrifica en nuestro bando, además de nuestras tropas, sus familias y otros americanos cuyas necesidades no están cubiertas por el enorme gasto de la guerra y la ocupación?

No son los ricos. En medio de los horrores de la guerra, usted les rebajó dos veces los impuestos, empujando estas inmensas rebajas en el Congreso, al mismo tiempo que la concentración de la riqueza en manos del uno por ciento más próspero se aceleraba.

También hubo rebajas para las grandes corporaciones que más se benefician del arcano, incomprensible código impositivo. Varias de esas corporaciones también ganaron mucho con decenas de miles de millones de dólares en contratos que usted les concedió.

Compañías como Halliburton, que le paga una estupenda jubilación al vicepresidente Dick Cheney, siguen recibiendo contratos multimillonarios aunque la auditoría del Pentágono y el diputado Henry Waxman mostraron sus inmensos desperdicios, su bajo rendimiento y una corrupción nada pequeña. No hay mucho sacrificio corporativo.

Usted y Cheney necesitarían recordar que sus antecesores en la Casa Blanca les subieron los impuestos a las grandes corporaciones en tiempos de guerra. Como señaló el diputado Major Owens al presentar una ley a ese respecto, los precedentes para una política semejante en tiempos de déficit creciente se remontan a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda, a la de Corea y a la de Vietnam. Piense en la diferencia. Hubo presidentes que les cobraron más a las grandes corporaciones como una manera de distribuir un poco el sacrificio económico. Pero usted reduce la contribución que hacen las corporaciones al Tesoro y al gasto militar en una era de ganancias record, asombrosas.

¿Están en Irak los hijos y las hijas de los poderosos de la política y la economía? Allí podrían ver el sufrimiento de millones de iraquíes inocentes, pero se cuentan con los dedos de una mano los parientes de los 535 congresistas o del personal de la Casa Blanca que están allá de servicio. Y ni sabemos cuántos parientes de los directivos de las 500 compañías más grandes, pero se adivina que no son muchos los que están de patrulla en el Triángulo Sunnita por estos días. Es que allá no queda mucho tiempo para el golf, el tenis y la vela.

Cuántas veces usted elogió el sacrificio patriótico de los que sirven en las fuerzas armadas, de los reservistas y guardias nacionales. Cuántas veces usted elogió su trabajo como la más alta manera de servir a la nación. ¿Y por qué sus hijas se pierden esta sublime oportunidad de ser elogiadas por su padre? Recuerde que en Irak hay un mayor llamado John Eisenhower.

En otra carta que no contestó, le pedí a usted y a Cheney que anunciara que iban a rechazar las decenas de miles de dólares de rebaja impositiva que les tocaba por la ley que ustedes impulsaron. Rechazar el beneficio hubiera mostrado que es indigno rebajarse a uno mismo los impuestos. Y hubiera reforzado el principio de autoridad moral en el gobierno.

Pero usted aceptó su propia rebaja de impuestos, mientras que decenas de miles de ciudadanos tuvieron que abandonar sus empleos y pequeñoscomercios para servir en Irak, ganando menos y aguantando el equipo militar inadecuado y la falta de entrenamiento.

Los gobernantes que envían a hombres y mujeres jóvenes a guerras no declaradas desde plataformas de mentiras, medias verdades y ocultamientos no tienen reales incentivos para portarse de modo responsable y efectivo en la política. Algún grado de sacrificio compartido es conducente a la moderación prudente frente a la manipulación irresponsable de los políticos y a la avaricia de sus cofrades oligarcas.

Sin sentido del sacrificio compartido, se diseñan programas antiterrorismo que terminan ayudando a reclutar terroristas. Su propio director de la CIA, Porter Goss, lo dijo a principios de año cuando habló ante el Senado. Nada de eso importó a la hora de la campaña para su reelección, cuando “la inteligencia y los hechos” quedaron atados a sus intenciones políticas.

Usted dijo varias veces que quiere nominar jueces federales que sean estrictos en su interpretación de la Constitución. ¿Qué tal un presidente que sea estricto en interpretar el inciso octavo del artículo uno de esa Constitución, el que dice que sólo el Congreso y nada más que el Congreso puede llevar el país a la guerra? Exigir que las guerras sean declaradas y pasar una ley que ordene que, al declararse una, todos los miembros en edad militar de las familias de diputados, senadores y funcionarios del Ejecutivo sean reclutados, parecería ser la única manera de que sólo “las guerras inevitables y necesarias” sean declaradas.

Sinceros saludos

Ralph Nader es defensor de los consumidores norteamericanos y varias veces candidato a la presidencia de EE.UU por el Partido Verde.
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Fuente: rebelion.org
10.08.05
10/08/2005 19:18 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

09/08/2005

¿Es el antiimperialismo compatible con la inversión extranjera?


Rebelión

James Petras
Traducción: S. Seguí


Introducción

Durante los últimos cuarenta años, muchos regímenes “socialistas" y nacionalistas intentaron combinar la inversión publica con la inversión privada, incluyendo en ésta la inversión extranjera. En un primer momento, se intentó limitar el alcance de la inversión extranjera a sectores muy concretos y en algunos casos enmarcarla en un periodo limitado, utilizando para ello fórmulas de extinción paulatina (fade-out) que garantizasen que, con el tiempo, la participación extranjera sería adquirida por el sector público.

En la ultima década de los regímenes “socialistas"(antes de su caída en los años 80) las elites gobernantes ampliaron el radio de acción del capital privado y extranjero, y, en algunos casos llegaron a firmar acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que aceleraron el proceso. Con el colapso de los regímenes “socialistas" en la ex Unión Soviética y la Europa Oriental, y la adopción de políticas pro capitalismo, las elites dominantes y el capital extranjero procedieron al pillaje del sector publico en un grado nunca visto. El capital extranjero y la oligarquía local recién surgida enloquecieron, se apropiaron y desmantelaron los bienes públicos, tomaron por asalto la Hacienda publica, se hicieron con los recursos naturales, los servicios públicos, los medios de comunicación y los recursos energéticos. Con ello se produjo un rápido e inaudito empobrecimiento de la gran mayoría de la población trabajadora, la destrucción el poder adquisitivo de los salarios (se acabó con los servicios gratuitos de salud, educación, cultura y otras prestaciones sociales) y el crecimiento de una monstruosa desigualdad socio-económica entre el escaso de 1% de multimillonarios y el empobrecido 80% más bajo de la población. Se produjeron también inmensas migraciones hacia el exterior, corrupción en una escala nunca antes vista en su historia moderna, poderosos y criminales movimiento de mafias organizadas que traficaron con cientos de miles de mujeres y jóvenes (esclavas sexuales para los burdeles internacionales), tráfico de estupefacientes y venta de ilícita de armas.

En América Latina, Asia y, en menor grado, África se produjeron remates similares de los bienes públicos, acompañados de una corrupción a gran escala y en muchos casos de la perdida del control de los Estados sobre sus economías, lo que dio como resultado el estancamiento económico y unas desigualdades sociales sin precedentes.

A finales de los noventa, algunos gobiernos socialistas y nacionalistas se percataron de las desastrosas consecuencias políticas y socioeconómicas de la rápida y masiva conversión al capitalismo y la falta de regulación de la invasión del capital extranjero en los países ex “socialistas" y ex nacionalistas, por lo que no se lanzaron al abismo del “mercado libre" capitalista. En el seno de dichos países se produjeron importantes debates acerca del papel del capital extranjero, en los que participaron sus gobernantes y una amplia capa de intelectuales, trabajadores y activistas políticos. Un grupo, autodenominado “socialistas de mercado”, proponía la utilización de capital extranjero, en mayor o menor grado, mientras que otro, conocido calificado de “marxista ortodoxo", poniendo como ejemplo la debacle en la ex Unión Soviética, rechazaba cualquier apertura a gran escala y a largo plazo.

El debate continúa, y en él los temas varían en función de las nuevas circunstancias y contextos. Los "socialistas de mercado" hacen hincapié en una nueva dimensión, la “globalización”, la cual, afirman, “exige" una capacidad de respuesta rápida a las “señales del mercado" (competitividad) a través de los lazos con el capital extranjero.

Por el contrario, los marxistas “ortodoxos" rechazan la inversión extranjera y señalan el creciente peligro que representan los nexos entre ésta y el “militarismo imperialista”, citando para ello la guerra de Estados Unidos en los Balcanes, la invasión encabezada por ese mismo país contra Yugoslavia, Irak, Afganistán y Haití, al igual que la financiación y apoyo político del gobierno de EE UU al golpe de estado contra la Republica Bolivariana de Venezuela y las abiertas amenazas contra los pueblos de Irán, Siria y Cuba. Por razones de seguridad nacional, los marxistas ortodoxos piensan que seria conveniente no ofrecer posibilidades de apertura al capital extranjero.

Los "socialistas de mercado" han sido incapaces de aportar argumentos contrarios al hecho innegable de la agresión imperialista; su único argumento consiste en la posibilidad de separar el papel del capital extranjero del comportamiento e intereses del belicista Estado imperialista, un argumento que puede tener cierta base en determinadas circunstancias. No obstante, los argumentos económicos de los “socialistas de mercado" siguen teniendo todavía un peso importante y han tenido una influencia considerable en las políticas de Estado, lo que ha conducido a una adaptación gradual de algunos de ellos por los marxistas ortodoxos.

En los siguientes apartados del presente artículo señalaremos los argumentos presentados por los "socialistas de mercado", los neoliberales y otros partidarios del capital extranjero. A continuación, aportaremos una critica desde un punto de vista marxista no ortodoxo. Y, por último, concluiremos especificando algunas alternativas a la dependencia del capital extranjero, al menos en términos de cualquier papel determinante de éste en la economía, y un debate de los fundamentos políticos que sustentan las posiciones antiimperialistas.

Argumentos en favor de la inversión extranjera


Los siete argumentos más comunes en favor del capital extranjero suelen ser los siguientes:

1.- Hay escasez de capitales, por lo tanto es preciso atraer capitales extranjeros para desarrollar la economía y promover los préstamos extranjeros;

2.- El país necesita el capital extranjero como una fuente de “know-how" en materia de gestión empresarial y técnicas de comercialización, a fin de asegurar los mercados de exportación y las ventajas competitivas;

3.- La inversión extranjera proporciona tecnología avanzada que permite modernizar la economía y promover la productividad y por ende la competitividad;

4.- El capital extranjero incrementa la competitividad de los productores locales, desplazando del mercado las empresas ineficientes, a la vez que alienta a las empresas locales a mejorar su eficiencia;

5.- El capital extranjero hace bajar los precios, y ampliar y mejorar los servicios al consumidor;

6.- El capital extranjero incrementa la competitividad en los mercados mundiales, fomenta las exportaciones y asegura la participación en los mercados internacionales;

7.- El capital extranjero paga mejores salarios, proporciona mejores condiciones de trabajo y paga mas impuestos que los productores locales.

Entre los que fomentan la inversión extranjera hay algunas diferencias, entre otras las relativas a los siguientes puntos:

1.- Si deben extenderse o no al capital extranjero las mismas condiciones que a las empresas locales, o si deberían existir impuestos diferenciales, restricciones en las áreas de inversión (ciertas áreas de inversión llamadas áreas estratégicas, como la energía, que en opinión de algunos economistas deberían seguir siendo propiedad del Estado). En el caso de las zonas que procesan bienes destinados a la exportación, los que abogan por la inversión extranjera recomiendan menores impuestos, alquileres más bajos y normas laborales más permisivas, a fin de favorecer la inversión extranjera.

2.- Si las empresas de capital extranjero deben producir solo para el mercado de exportación o también para el mercado local (zonas de comercio de exportación);

3.- Si debe obligarse al capital extranjero a reinvertir un porcentaje de sus ganancias en la economía nacional o si, por el contrario, se le permite repatriar todos sus beneficios;

4.- Si debe obligarse a las empresas de propiedad extranjera a invertir sumas sustanciales de sus ingresos para actualizarlas y para modernizar su producción;

5.- Si las compañías extranjeras pueden ser propietarias mayoritarias, minoritarias o absolutas de una empresa. Existirían diferencias similares en relación con los derechos de gestión entre los propietarios extranjeros y los nacionales.

6.- La forma que deben adoptar los incentivos a las compañías extranjeras: reducciones fiscales, concesiones de tierras, inversión en infraestructura por parte del Estado, formación de los trabajadores a cargo del Estado, etc.

7.- Si la duración de la propiedad extranjera, en particular en materia de minerales y derechos del subsuelo, debería ser a perpetuidad, o si debería alquilarse por periodos ampliables más o menos largos; si los contratos debieran incluir cláusulas de renovación y opciones, sanciones por incumplimiento, etc.

En otras palabras, entre los que abogan por la inversión extranjera hay gran variedad de posturas en relación con el ámbito y el alcance de las concesiones que acompañan a la promoción del capital extranjero. Durante la década de 1980, la tendencia general de los gobiernos fue la de ampliar las concesiones a los inversores extranjeros. A partir de 1990, a medida que las normativas publicas se suavizaron marcadamente, las normas que rigen la entrada y la operación del capital extranjero se han suavizado también.

Como resultado, el debate actual sobre la inversión extranjera gira en general en torno a cuántos y qué tipos de incentivos ofrecer al capital extranjero, sin preguntarse si el capital extranjero no provoca más problemas de desarrollo que los que pretende ayudar a resolver.

Argumentos contra la inversión extranjera.

La decisión de abrir un país a la inversión extranjera plantea profundos interrogantes en los ámbitos político, económico, social y cultural, que van mas allá del cálculo de los costes y beneficios a corto plazo que puedan acarrear a una empresa o incluso a un sector económico.

En la mayoría de los casos, una "apertura" inicial comporta invasiones subsiguientes, a gran escala y largo plazo, que producen toda una serie de resultados imprevistos, pero previsibles.

En primer lugar, y ante todo, la propiedad extranjera de industrias y recursos estratégicos produce una pérdida para el Estado de poder de decisión a la hora de tomar decisiones en materia de inversión, precios, producción y crecimiento económico futuro. Los propietarios extranjeros deciden cuál de las empresas de su imperio comercial se ampliará, cuál se estancará y cuál irá a la quiebra, dependiendo de los costes laborales, los impuestos, el transporte y las redes de comunicaciones. Los nuevos dueños deciden si las inversiones se hacen dentro de la empresa o en la empresa madre. La inversión extranjera, especialmente los grandes copropietarios de empresas estratégicas, ponen en grave peligro la soberanía nacional y convierten a los regímenes políticos en simples testaferros de los dueños extranjeros. Sin duda, el acuerdo prioritario entre los inversores extranjeros y los gobiernos es sobre el establecimiento de las normas aplicables a cada caso, pero éstas siempre estarán subordinadas a la buena voluntad y la capacidad de llevarlas a la práctica, y condicionadas por éstas; así como también a los buenos deseos de los inversores de cumplir las normas. No obstante, la experiencia muestra que en la mayor parte de los países del Tercer Mundo, los acuerdos iniciales de privatización están llenos de elementos de corrupción, y la subsiguiente presencia de empresas extranjeras de gran envergadura conduce fácilmente a influir en los administradores y reguladores a aplicar una versión laxa de los contratos.

La inversión extranjera aporta el capital inicial, pero a largo plazo conduce a un gran flujo de salida de beneficios, dirigidos a su casa matriz, que contribuye a la descapitalización de la economía y a problemas de la balanza de pagos. Poner las empresas del Estado en manos de la inversión extranjera (o de los oligarcas locales) conduce a la reducción de los ingresos del Estado, un mayor desempleo y, en algunos casos, el cierre de plantas industriales en regiones en las que la tasa de beneficio de la compañía se halla por debajo de la esperada.

Los resultados de la "racionalización" y la "reestructuración" del capital extranjero pueden incrementar los beneficios empresariales, pero pueden también producir un efecto negativo multiplicador en los sectores primario y terciario. Por ejemplo, una empresa multinacional puede clausurar una línea de ferrocarril, además de retirar la maquina que la sirve y el taller que le da mantenimiento porque la tasa de beneficio es solo del 2%, a fin de incrementar sus ingresos totales hasta 15%. Este cierre empresarial, sin embargo, puede hacer que en la región afectada la producción comercial, industrial y agrícola se reduzca en un 25%; se incremente en un 20% del número de las empresas locales que se ven empujadas al cierre; y se produzca un 15% de incremento en los índices de desempleo. La ganancia neta de la empresa transnacional produce pérdidas en términos absolutos tanto para la región como para su fuerza laboral.

La inversión extranjera conduce a una producción desequilibrada y, sobretodo, a una producción sobreespecializada; en particular a la expansión de unos productos altamente volátiles a expensas de una economía diversificada de amplia producción y base comercial. Muchos de los inversores extranjeros buscan conseguir altos beneficios invirtiendo en productos de exportación, tales como el petróleo, la soja, el hierro o el cobre, que complementan sus necesidades nacionales o las de las economías industrializadas en general. El resultado neto es una economía de rápido crecimiento y también rápido final, en la que unas altas exportaciones unidas a altos ingresos producen altos ingresos e importaciones para el país, antes de registrar drásticas caídas en la demanda de productos básicos que conduce a importantes déficit comerciales, grandes reducciones del gasto, incremento del desempleo e incremento de la deuda.

La empresa extranjera se asegura el disfrute de reducciones duraderas de impuestos y de inversiones a gran escala en infraestructura por parte del sector publico (transporte y comunicaciones), como condiciones para su inversión. En otras palabras, el Estado pierde los ingresos y reparte socialmente los costes para el provecho del capital extranjero. Además, a través de sus manipulaciones de precios y su “contabilidad imaginativa" el capital extranjero se beneficia de una evasión de impuestos a gran escala. El resultado neto es que los pagos por impuestos del capital extranjero no compensan las subvenciones que debe hacer el Estado para atraer y mantener a los inversores extranjeros.

En muchos casos el capital extranjero no crea nuevas empresas ni amplía los mercados: en la actualidad, compra empresas locales, en muchos casos empresas beneficiarias, a “precios políticos" mediante licitaciones manipuladas. En algunos casos, compra el monopolio estatal de las comunicaciones, o empresas estatales de petróleo, y lo convierte en un monopolio privado, imponiendo así precios monopolísticos sin los obstáculos que supone la rendición pública de cuentas o las necesidades sociales. Además, el capital extranjero no suele aportar ningún tipo de “capital nuevo”: solicitan préstamos a los bancos locales –compuestos por el ahorro nacional--, convierten títulos de deuda devaluados para comprar empresas a precios nominales, y reciben prestamos de las instituciones internacionales de financiación internacional con el respaldo del Estado.

El capital extranjero tiende a crear “enclaves empresariales" que importan tecnología (a cambio de las consiguientes regalías) y que están unidos a la producción y a redes de distribución exteriores, por lo que tienen un impacto mínimo sobre la economía local. Hay numerosos ejemplos: el más conocido son las conocidas plantas ensambladoras en las que la manufactura y la distribución se realizan en otro lugar, por otras subsidiarias de la compañía transnacional, y cuya única contribución a la economía local es el pago de unos salarios de subsistencia. Los exportadores de materias primas extraen hierro, cobre y soja que son enviados para ser procesados en el exterior en otro país que recibe el valor agregado y el empleo. Los exportadores de materias primas emplean pocos trabajadores, los países se convierten en “monocultivadores" y sus economías están sujetas a cambios volátiles en sus ingresos básicos. La dependencia de los ingresos que proporcionan unas pocas exportaciones o una sola fuente de exportación (como, por ejemplo, el petróleo) o de las remesas provenientes del extranjero no constituye realmente una política económica.

La inversión extranjera ha capturado el importante sector bancario, determinando con ellos las políticas estatales de crédito y de intereses, y, aún más importante, decidiendo qué sectores y qué empresas reciben créditos, y a qué tasas de interés. La propiedad extranjera de los bancos conduce a la concesión de prestamos en condiciones privilegiadas a empresas de propietarios extranjeros (“las que inspiran más confianza”), a aquellas cuyos ingresos provienen del extranjero en monedas fuertes (compañías exportadoras de productos agrícolas), excluyendo sistemáticamente a las pequeñas empresas y los pequeños agricultores y productores del campo, que producen para el mercado local y emplean la mayor parte de la fuerza laboral. Éstos se ven obligados a depender de prestamistas usureros o a desviar el capital de la producción a la especulación.

Además, dada la preferencia del capital extranjero por la industrias extractivas, su influencia entre las elites gobernantes locales y su respaldo por los grandes prestatarios internacionales, los inversores extranjeros están a la vanguardia de la devastación del medio ambiente. Los magnates madereros y los exportadores de soja están destrozando la selva húmeda amazónica. Las compañías petroleras devastan el agua y la tierra en Nigeria y en las riberas del mar Caspio. El incremento en los ingresos del Estado federal raras veces se utiliza para compensar la destrucción de la agricultura local y la economía pesquera. En cambio, los ingresos estatales suelen ser reciclados hacia la construcción de carreteras y puertos, para comunicar a los depredadores del medio ambiente con los mercados exteriores.

La inversión extranjera juega un papel muy importante en el Tercer Mundo y en los países ex comunistas, en gran parte debido a las políticas de liberalización impuestas o promovidas por los inversores internacionales. Como parte del proceso de liberalización, se levantaron las normativas y los aranceles restrictivos que afectaban a las propiedades extranjeras, pero también para permitir la masiva entrada de alimentos subsidiados y productos industriales baratos. Los dudosos beneficios que los inversores extranjeros pudieran proporcionar quedan más que compensados por las perdidas en la agricultura y la producción manufacturera locales, y la pérdida de puestos de trabajo debido a las importaciones baratas. Asimismo, la "competencia" extranjera entre las grandes transnacionales establecidas en el país y las de reciente creación es tan sesgada que muy pocas de estas últimas logran sobrevivir. El resultado neto no es el incremento de la competitividad de las empresas locales, sino su salida del mercado, o su la venta a las grandes compañías. Cuando los propietarios extranjeros deslocalizan sus plantas a los países ex comunistas y del Tercer Mundo, el traslado está condicionado al mantenimiento de los bajos niveles salariales y de beneficios sociales. Cuando las demandas laborales se acentúan y las "vacaciones" fiscales terminan, el capital se deslocaliza a una área más barata.

La influencia política de los inversores extranjeros se incrementa a medida que crece su presencia en el mercado local, su control de sectores de la economía y el surgimiento de lideres políticos entrenados por Occidente para promover la “libre empresa”. Otro aspecto significativo es que las empresas pertenecientes a propietarios extranjeros emplean ejecutivos, gerentes, abogados, publicistas y economistas estrechamente vinculados con las elites políticas, y que con frecuencia pasan a ocupar posiciones claves del mundo político (presidentes de los bancos centrales, ministros de economía y finanzas) e implementan las políticas macroeconómicas y aplican las directrices neoliberales, que maximizan los beneficios de los inversores extranjeros a expensas de la fuerza de trabajo local y del erario publico.

Es también importante el papel de liderazgo que desempeñan las empresas de propiedad extranjera en la banca, la industria y las asociaciones de negocios, influenciándolos para asegurarse políticas favorables a sus intereses.

Por último, las empresas de propiedad extranjera logran alcanzar el control de las empresas “nacionales”, bien sea a través de su adquisición, de "contratos de gestión" o de subcontratos a empresas satélites de tamaño medio que pasan a depender de las "centrales" de propiedad extranjera, y que suelen verse forzadas a apoyar las políticas de éstas. Las empresas de propiedad extranjera, especialmente las transnacionales estadounidenses, frecuentemente actúan como correas de transmisión de las políticas del Estado imperial. Lo consiguen desinvirtiendo en los países que se hallan en la lista negra del Departamento de Estado de EE UU y trasladando sus instalaciones productivas a países políticamente favorables a EE UU. Las transnacionales estadounidenses proporcionan cobertura y falsa identidad a agentes de inteligencia, transmiten informes económicos a la CIA y se niegan a suministrar repuestos a países en conflicto con EE UU. Los bancos americanos facilitan la fuga de capitales, la evasión fiscal y el lavado de dinero a las élites pudientes y, con ello, debilita a los adversarios y los competidores de EE UU, reduciendo la producción o los servicios de países en conflicto con el Estado imperial.

Aunque con poca frecuencia, algunas “corporaciones marginales" o incluso subsidiarias de corporaciones mayores no siguen la línea del Estado imperial, sea porque los beneficios son demasiado lucrativos como para desperdiciarlos, o porque las presiones competitivas de otras transnacionales son intensas, o bien porque los incentivos a largo plazo que ofrece el Estado-objetivo compensan los riesgos que genera una posición de antagonismo con los poderes decisorios imperiales.

Las empresas de capital extranjero, al menos en sus inicios, están regentadas por expatriados, por lo general en las posiciones más decisorias. Se suelen contratar ejecutivos “nacionales" para (1) establecer nexos con el Gobierno local, (2) ocuparse de las relaciones laborales, (3) gestionar la evasión de impuestos o garantizar la exoneración de su pago, y (4) hacer campañas de relaciones publicas y de opinión política.

Contrariamente a “las expectativas" o a la propaganda de los ideólogos neoliberales, las compañías de propiedad extranjera usualmente no transfieren investigación y desarrollo tecnológico (I&D) a los países del Tercer Mundo. Mas del 80% del I&D de dichas empresas lo realiza la casa matriz del Estado imperial. Lo que en ocasiones se transfiere son los resultados de la I&D, a un precio y unas condiciones fijas, con pagos de regalías durante un largo período de tiempo. De hecho, los inversores extranjeros frecuentemente hacen sociedad con unidades productivas locales, las despojan de sus activos, se apoderan de su clientela, su mercado y sus redes de distribución, y entonces o bien cierran la empresa o la funden a un conglomerado de empresas de propiedad extranjera, con el resultado en despidos masivos, reducción de los servicios y altos costes para los consumidores.

En resumen, la inversión extranjera tiene desventajas estratégicas, pone en peligro la independencia nacional y la soberanía popular, y compromete gravemente la capacidad del Estado para representar a sus ciudadanos, especialmente a la clase trabajadora y al campesinado. Igualmente importante es el hecho de que la inversión extranjera tiene mecanismos incorporados que contribuyen a una baja tasa de reinversión, a una descapitalización de la economía, y a la generación de problemas en la balanza de pagos.

La inversión extranjera incrementa las desigualdades y polariza la estructura social, como resultado de las bajas tasas de impuesto, las altas tasas de beneficio y el punto de vista del Estado, siempre favorable al inversor extranjero. Los “beneficios residuales" para el “país receptor" se suelen concentrar en manos de los “facilitadores políticos" locales, gerentes altos y medios, y subcontratistas y distribuidores. Es evidente que, a gran escala y a largo plazo, la inversión extranjera fomenta los objetivos del Estado imperialista, simboliza e impulsa el imperialismo, y es uno de sus principales motores económicos.

Alternativas a la inversión extranjera

En su sentido más amplio, la inversión extranjera es incompatible con toda noción de políticas antiimperialistas. Lo que no equivale a decir que no pueda ser de utilidad en circunstancias limitadas (en tiempo y lugar) y bajo condiciones políticas específicas, bajo normativas específicas, administradas por un grupo selecto de supervisores.

A pesar de las abrumadoras limitaciones históricas y empíricas y los impactos negativos de la inversión extranjera, sus partidarios recurren al argumento de que "no hay alternativas". Sostienen que sin inversión extranjera no puede haber desarrollo, ni acceso a mercados, ni progreso tecnológico, ni progreso alguno.

Nosotros, por contra, sostenemos que hay argumentos empíricos e históricos muy sólidos que permiten afirmar que hay recursos financieros y económicos sustanciales que están disponibles para los regímenes populares, que son más eficientes a la hora de producir crecimiento positivo, y que no tienen ninguno de los negativos resultados y repercusiones sociales y políticas de la inversión extranjera.

Alternativas a la inversión extranjera

1.

La reinversión en la economía nacional de los beneficios provenientes de las industrias de exportación lucrativas y de las empresas nacionales estratégicas, mediante la propiedad pública de dichas industrias. Los beneficios que el capital extranjero transferiría al extranjero se canalizan hacia la economía nacional para ampliar la producción local, producir un efecto multiplicador y aumentar la demanda local de consumo, en un círculo virtuoso.
2.

El control del comercio exterior aumentaría la disponibilidad de divisas al evitar su exportación a otros países. Permitiría también asignar divisas convertibles a las empresas prioritarias que aumenten la producción local, el empleo y el consumo popular.
3.

La inversión de los fondos de pensiones en actividades productivas y de distribución, en vez de mantenerlos inmovilizados en bancos privados o fondos fiduciarios.
4.

La creación de bancos de desarrollo para canalizar las remesas de los trabajadores emigrantes hacia actividades productivas y creadoras de empleo. En muchos países, las remesas de los emigrantes, fuente principal de moneda fuerte, se utilizan para el consumo local de las familias y para actividades económicas marginales. El estado neoliberal utiliza las divisas para parar la deuda exterior.
5.

La moratoria de los pagos de la deuda. Se trataría de investigar si los préstamos anteriores se realizaron legalmente, si dieron lugar a una actividad productiva o si, por el contrario, financiaron prácticas corruptas y aplicaciones improductivas (gastos militares). Debería establecerse con claridad si se ha pagado ya el principal de la deuda original y si los préstamos fueron solicitados por empresas privadas, en cuyo caso los pagos de deuda deberían cancelarse o remitir su exigencia a los prestatarios originales para su reembolso. El Estado no debería aceptar la socialización de pérdidas fruto de créditos incobrables realizados por empresas privadas, de su mala gestión o de cálculos erróneos en su decisiones de inversión; tampoco debería aceptar las decisiones de alto riesgo tomadas a la ligera por las instituciones acreedoras. Los anteriores prestamistas y prestatarios deberían asumir los riesgos de beneficios y pérdidas, en vez de ser transferir al pueblo el pago de préstamos de los cuales no se le consultó, ni se utilizaron en su beneficio.
6.

La recuperación de fondos públicos robados y de toda propiedad ilícitamente privatizada por anteriores gobiernos. Las cuentas abiertas en bancos del extranjero para albergar transferencias ilícitas, en particular las realizadas por las élites empresariales y políticas deberían confiscarse, como parte de una comisión anticorrupción dirigida por juristas independientes especializados en finanzas públicas y por representantes independientes de las organizaciones de masas. Las empresas privatizadas en condiciones dudosas deberían ser nacionalizadas de nuevo.
7.

La recuperación de los impuestos no pagados, especialmente los derivados de la evasión fiscal realizada por empresas transnacionales y empresas internacionales. Los infractores deberían ser objeto de investigación y procesamiento, y llegado el caso de penas en firme. El Estado debería exigir la recuperación completa de los impuestos no devengados o en su defecto el embargo de activos físicos y líquidos de las empresas extranjeras infractoras. El Estado podría exigir la inspección pública de los libros de contabilidad de las empresas transnacionales, con el fin de impedir prácticas comunes como la manipulación de precios dentro de la misma empresa, como medio de rebajar artificial e ilegalmente los ingresos y los beneficios, y así evadir el pago de los impuestos correspondientes.
8.

Los impuestos sobre la tierra escalonados y la expropiación de las tierras subutilizadas o mantenidas con fines especulativos pueden proporcionar tierra para una reforma agraria y la construcción de vivienda pública de renta baja. Esto aumentará la productividad agrícola y la producción de alimentos para el consumo local y la exportación. Las grandes propiedades agrarias y las plantaciones que ocupen ilegalmente tierras públicas deberían expropiarse sin compensación. Las compensaciones en el caso de propiedades expropiadas deberían pagarse en obligaciones a largo plazo, basadas en el valor declarado con anterioridad a efectos de impuestos (o en el valor de mercado, si los dueños de la propiedad están dispuestos a pagar los impuestos atrasados, calculados sobre la diferencia entre el valor declarado y el de mercado.)
9.

Las sociedades o las inversiones en el extranjero llevadas a cabo por empresas públicas deberían ser liquidadas y los ingresos obtenidos reinvertirse en la modernización de industrias productivas nacionales de infraestructura y transformación. El exceso de reservas de divisas debería reducirse y utilizarse en la diversificación de la economía. Las reservas deberían estar compuestas de diversas monedas y no deberían depositarse en los bancos extranjeros, donde un adversario imperial pudiera bloquearlas. Mantener una moneda "devaluada" debido a la "reputación" del pasado o a causa de los "vínculos neocoloniales" es no sólo una mala política sino también una economía inadecuada.
10.

La maximización del empleo de la fuerza de trabajo subutilizada, que llega en ocasiones hasta a un 80% de la mano de obra, utilizándola en los proyectos de infraestructuras de gran envergadura puede compensar la "escasez de capitales" y convertirse en una fuente para la acumulación de capital inicial. Del mismo modo, los trabajadores y los profesionales bien formados y expertos subutilizados pueden aportar innovaciones e innovaciones organizativas, que pueden aumentar la producción total y la productividad.

Un examen exhaustivo de la economía social de la mayor parte de los países pondría de manifiesto que hay múltiples fuentes nacionales de capital, sin necesidad de recurrir al capital extranjero. Estas fuentes tienen todas las ventajas de aumentar los índices de inversión de capital, y ninguna de las incertidumbres políticas, vulnerabilidades económicas y desigualdades sociales asociadas con el capital extranjero.

Un caso límite: la inversión extranjera como último recurso

Supongamos que un país del Tercer Mundo recibe pocas remesas del exterior; tiene fondos de pensiones de escasa importancia, o no tiene; cuenta con una administración fiscal honesta, pero con pocas fuentes imponibles; etc.; pero, en cambio, dispone de recursos valiosos que requieren altas inversiones iniciales de capital y nuevas tecnologías. Obviamente, es preciso disponer de financiación o capacidad técnica exteriores. En este caso, la cuestión es: ¿cómo serán los contratos a corto plazo y los contratos estratégicos óptimos, a fin de minimizar los efectos negativos, enumerados anteriormente?

El planteamiento óptimo consiste en desglosar el "paquete extranjero de inversiones" a fin de minimizar la propiedad extranjera directa y, a largo plazo, el control de la gestión. Para maximizar la propiedad estratégica y el control nacionales es preferible firmar contratos de gestión de corta duración, que incluyan la formación de los reemplazos nacionales en un plazo fijo, y hacerlo, de preferencia con países cuyos Estados tengan menos tendencia a entrometerse en los asuntos internos. Del mismo modo, en los casos en que la asistencia técnica sea necesaria, a falta de conocimientos técnicos de procesos específicos, es preferible contratar a consejeros técnicos para trabajar en equipo con especialistas locales, mientras éstos obtienen la capacidad técnica que les permita hacerse cargo en el futuro. Si se recurre a empresas transnacionales extranjeras para construir instalaciones productivas locales, debería hacerse mediante "contratos llave en mano", en los que se estipule el porcentaje de beneficio que se garantiza a la empresa transnacional durante un período determinado, tras el cual la propiedad pasará a ser propiedad nacional. Los contratos específicos con límites temporales permiten que el país maximice el empleo de profesionales, administradores y expertos nacionales. El número creciente de especialistas de alto nivel disponibles en el mercado global, proporciona una variedad de opciones y prácticamente elimina la dependencia de un solo país y evita ciertamente la dependencia de la inversión extranjera, con la pérdida, a largo plazo, de la propiedad, el control y la planificación estratégica de inversiones.

Para limitar la dependencia del capital extranjero, es esencial que el país invierta en la formación, la investigación y el desarrollo profesional y técnico, que pueden adquirirse mediante estudios selectivos en otros países o atrayendo a especialistas del extranjero.

Ventajas del control público a cargo de los trabajadores (CPT)

El sistema de control público a cargo de los trabajadores (CPT) ofrece una serie de ventajas sobre el de empresas transnacionales de propiedad extranjera, en la prosecución de una estrategia de desarrollo.

Evasión fiscal e ingresos fiscales

Las sociedades multinacionales son maestras en el arte de la evasión de impuestos y de la corrupción de los órganos reguladores locales. El sistema CPT, basado en la transparencia de los libros de contabilidad y en auditorías independientes puede minimizar la evasión fiscal, incrementar los ingresos fiscales, y conseguir balanzas fiscales saneadas y bajos niveles de corrupción.

Inversión social en lugar de expatriación de beneficios y sueldos privilegiados

En la estrategia de las empresas transnacionales, los beneficios se suelen invertir en el extranjero, y se transforman en salarios y primas y exorbitantes en los niveles superiores de dirección. Con arreglo al sistema CPT, los beneficios se reinvierten en la ampliación de la producción local, en programas de desarrollo social y en la mejora de las condiciones de trabajo.

Alta reinversión social en lugar de fuga de capitales

El modelo de las empresas transnacionales está basado en la volatilidad del capital, entendiendo como tal la fuga de capitales, que conduce a una gran inestabilidad y a altas fluctuaciones de inversión en los ingresos estatales. El CPT permite unas tasas mayores y más regulares de reinversión, y una mayor estabilidad en el empleo, la inversión y los ingresos públicos.

Inversión a largo plazo en I&D en lugar de inversión especulativa

Una de las demandas básicas de las empresas transnacionales es la desregulación de los mercados financieros, con el fin de permitir la rápida transformación del capital fijo en "inversiones líquidas". Esto conduce al crecimiento de las inversiones especulativas, lo que ha causado frecuentes y graves crisis en el mundo capitalista. Bajo el modelo CPT las transacciones financieras altamente reguladas minimizan el flujo de capitales hacia actividades especulativas y maximiza la financiación de la innovación, la investigación y el desarrollo de productos.

Bienestar social en lugar de bienestar capitalista

Según el modelo de las empresas transnacionales, el Estado proporciona grandes subvenciones a los inversores extranjeros, mediante exoneraciones fiscales, concesiones gratuitas de terrenos, desarrollo de infraestructuras a cargo del Estado, préstamos con tipos de interés reducidos y desregulación del trabajo y de las leyes ambientales. El modelo CPT socializa tanto los costes como los beneficios, proporcionando servicios sanitarios gratuitos, empleo garantizado, pensiones suficientes y fijas, cuidados infantiles, condiciones seguras de trabajo, vacaciones adecuadas y formación permanente para poner al día las cualificaciones y la productividad, a fin de aumentar el tiempo de ocio y el estudio.

Capital fijo y fuerza de trabajo móvil en lugar de capital móvil y fuerza de trabajo fija

En las empresas transnacionales, el capital se "deslocaliza" con el fin de maximizar los beneficios, conseguir impuestos más bajos, socavar las condiciones de trabajo, y evitar las normativas en materia de sanidad y pensiones. Con el modelo CPT, el capital se fija a una localización concreta y la fuerza de trabajo recibe formación y mejora su movilidad para conseguir ascender a niveles más altos de empleo, asunción de funciones de dirección, y a la formación laboral a lo largo de toda la vida. Bajo el CPT no hay ningún tipo de subcontrata, externalización o contratos temporales de trabajo. Este modelo aprovecha una mano de obra experta y estable que aplica sus conocimientos y experiencia para mejorar la producción, sin la desorganización frecuente causada por la rotación constante de trabajadores.

Problemas potenciales en el sistema CPT

Hay varios problemas que pueden surgir en el CPT, entre otros:

1.

Adoptar decisiones que favorezcan un mayor consumo en detrimento de la inversión productiva;
2.

La burocratización de la organización;
3.

La indisciplina laboral (retrasos, absentismo, etc.), que perjudica la producción y la innovación
4.

La pérdida de competitividad debida a la protección de Estado
5.

Un nivel de impuestos estatales excesivo o insuficiente
6.

Desigualdades intersectoriales debidas a diferencias en las tasas de productividad o en los precios
7.

Énfasis excesivo en los beneficios sociales, en detrimento del consumo individual
8.

Marginación de las cuestiones de género, raza y medio ambiente.

El modelo CPT, para ser efectivo, requiere que sus líderes y partidarios populares tengan una "visión holística a largo plazo" del proceso de desarrollo, a fin de equilibrar las demandas de consumo inmediato con la inversión en la producción a medio y largo plazo. Inevitable, especialmente en la fase inicial del modelo, puede esperarse una fuerte presión con el fin de diferenciarse por lo que se refiere a los planteamientos capitalistas del pasado, que aplazaban la satisfacción de las demandas populares a fin de "aumentar el pastel". El nuevo régimen tendrá que ajustarse a esta demanda política, proporcionando en un primer momento programas sociales de impacto significativo, como la atención médica y la enseñanza superior gratuitas, la reducción de los alquileres y la condonación de deudas, a fin de adquirir la confianza de las clases trabajadoras y demostrar que el nuevo régimen representa una ruptura con el pasado. Los programas sociales de impacto también asegurarán la lealtad de las clases populares y les proporcionarán un motivo para la defensa del régimen, un problema importante dado la hostilidad probable de los poderes imperiales y de la clase dirigente local.

El nuevo modelo debe protegerse contra las tendencias burocratizantes mediante la delegación de poderes, la experiencia diferenciada y el prestigio de sus líderes. Los mecanismos formales, entre otros las asambleas populares en el lugar de trabajo y en los barrios, el acceso popular a los medios de comunicación de masas, el referéndum sobre decisiones socioeconómicas estratégicas y, sobre todo, una clase trabajadora políticamente educada que participe en el debate público, son los mejores antídotos al burocratismo incipiente.

La indisciplina laboral no "debería" ocurrir en el sistema CPT, pero ocurrirá: algunos trabajadores intentarán disminuir su trabajo oficial para realizar trabajo "en negro"; otros se aprovecharán de un régimen permisivo o de la falta aparente de sanciones, y aumentarán su absentismo o sus bajas por enfermedad; otros pueden acostumbrarse a llegar al trabajo con retraso, o a no llevar a cabo adecuadamente sus tareas, y descuidar el control de calidad. Todos los trabajadores deben recibir una educación social sobre sus derechos y sus responsabilidades, complementada por sanciones, entre otras la pérdida de salarios, beneficios sociales y eventualmente el despido sin sueldo, en el caso de infractores permanentes. Durante cierto tiempo, deberá seguir poniéndose en práctica una combinación de recompensas y sanciones, porque de lo contrario, la mayor parte de los trabajadores tendrían cargas adicionales a causa de una minoría de insolidarios.

Mientras la economía CPT funcione en un mercado capitalista mundial, las empresas deberán combinar unas relaciones sociales de producción humanas con la mejora de la competitividad. Todo sistema CPT, sea cual sea su tamaño, su base de recursos, su proximidad a los centros imperiales, y su nivel y diversidad de la producción, necesita invertir en I+D, fomentar innovaciones en los sectores farmacéutico, tecnológico, y de productos de calidad, y poder así obtener productos comerciales a precios competitivos. Debería haber una producción especializada en países con dotaciones favorables por su situación, y sus bases de recursos o sus cualificaciones. Los aumentos de productividad deberían reducir las horas de trabajo y los años de trabajo, ampliar el tiempo destinado a actividades de descanso y recreó, proporcionar oportunidades para seguir una formación permanente, así como disponer de tiempo libre de calidad para las relaciones y las amistades personales y familiares. Sin las innovaciones y la competitividad constantes, las pérdidas de mercado obstaculizarán seriamente el crecimiento de unas relaciones sociales humanas.

La socialización de la producción no cambiará automáticamente las desigualdades en las relaciones de género y raza, y entre los trabajadores y los profesionales. Una "revolución cultural", basada en iniciativas legales, educativas y gubernamentales será necesaria para comenzar el proceso de eliminación del racismo y del sexismo institucionales y de comportamiento en todas las esferas de la producción, el consumo y las representaciones culturales. Los representantes directos de las organizaciones de clase raciales y feministas deben estar presentes en las posiciones clave. Igualmente la socialización de la producción requiere la presencia directa de representantes de organizaciones ambientales de masa para minimizar exceso de la explotación de recursos no renovables, contaminación ambiental, abuso químico de agricultura.

Por último, el sistema CPT se enfrenta al problema de las desigualdades generadas por los diversos niveles de productividad, producción de valor, y demanda del mercado, que producen desigualdades entre las fábricas, los sectores y los regímenes. El control descentralizado acentuará las ventajas de alguno y la desventaja de otras, lo que reproducirá las desigualdades de clase y regionales. Un sistema de impuestos y salarios progresivos y de subvenciones sociales, así una inversión cada vez mayor en la modernización de las industrias y las regiones menos desarrolladas puede reducir las desigualdades.

Conclusión


La evidencia histórica y empírica demuestra que las desventajas políticas, económicas y sociales de la inversión extranjera exceden de lejos cualquier beneficio a corto plazo que puedan percibir sus defensores. La investigación ha demostrado que la mayor parte de las economías poseen los recursos financieros y de capitales, y la capacidad humana y productiva poco utilizada para emprender un desarrollo adecuado sin los altos costes políticos que la inversión extranjera genera. Un modelo alternativo, el CPT, proporciona numerosas ventajas respecto a la dependencia del capital internacional financiero y de inversión. Mientras que la inversión extranjera tiene un papel general negativo, el modelo CPT no excluye totalmente la inversión extranjera en determinadas circunstancias, limitadas en tiempo y lugar, a fin de llevar a cabo un desarrollo endógeno. Una estrategia dirigida a aprovechar la ayuda internacional, para complementar el crecimiento endógeno pone de relieve contratos específicos con una variedad de proveedores, particularmente con aquéllos no ligados al Estado imperial.

Aunque el modelo CPT proporciona un planteamiento alternativo que maximiza los intereses nacionales y de la clase obrera, tiene desventajas potenciales y contradicciones internas que exigen un estudio y una ponderación detenidos, así como el debate político y constantes reformas. No obstante, el modelo proporciona la vía más segura y más directa para el desarrollo de la democracia, la justicia social y la independencia nacional. El éxito del modelo CPT, su introducción y su continuidad no dependen simplemente de su viabilidad socioeconómica sino de la seguridad nacional y de las políticas e instituciones culturales.

Mayo de 2005
__________________________________________________________
Fuente: Rebelion.org
09.08.05"
09/08/2005 19:57 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

06/08/2005

La lucidez de Albert Einstein, en la memoria.


Mensaje de Albert Einstein (20 de febrero de 1950)


El 20 de febrero de 1950, Albert Einstein, desde su oficina en la Universidad de Pricenton, envió un mensaje por televisión a los norteamericanos sobre el peligro que entrañan las armas nucleares.

...
La idea de lograr la seguridad a través de los armamentos es, dado el estado actual de la tecnología militar, no más que una desastrosa ilusión.
La carrera armamentista entre Estados Unidos y la Unión Soviética, propuesta originalmente como una medida preventiva, asume ya un carácter histérico.
En ambas partes, los medios de destrucción masiva están siendo perfeccionados con una febril prisa, tras un muro de secretismo.
La bomba de hidrógeno aparece en el horizonte público, como una posibilidad real. Su desarrollo acelarado ha sido proclamado solemnemente por el presidente.
Si se torna real, la contaminación radioactiva de la atmósfera y la aniquilación de toda la vida en la Tierra serán escenarios técnicamente posibles.

¿Hay alguna forma de escapar a esta situación creada por nosotros mismos?

Todos nosotros, y especialmente aquellos responsables de las actitudes de los EEUU y la Unión Soviética, deben darse cuenta que podremos haber derrotado un enemigo externo, pero hemos sido incapaces de librarnos de la mentalidad creada por la guerra.
Es imposible lograr la paz, mientras cada acción es decidida pensando en un posible conflicto futuro.
El punto de vista central de toda acción política debe ser "¿qué podemos hacer para lograr la coexistencia pacífica, y aún más, la cooperación leal entre las naciones?".
En este análisis, todo tipo de cooperación pacífica entre los seres humanos está basada primordialmente en la confianza, y sólo secundariamente en instituciones como los tribunales de justicia y la policía.
Esto vale tanto para las naciones como para los individuos, y la base de la confianza son las concesiones mutuas en un espíritu de lealtad.

¿Y qué hay de los controles internacionales?

Bueno, pueden ser de uso secundario como medidas de policía, pero no se debe sobrestimar su importancia.
Los tiempos de la Prohibición * vienen a la mente y nos llaman a la reflexión.

Albert Einstein
...

* Prohibición del alcohol en EEUU en 1918, conocida como la Ley Seca

Fuente: http://www.elinconformistadigital.com
05.08.05
06/08/2005 21:53 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.

24/07/2005

La transición desde el neoliberalismo

Marcos Roitman
La Jornada

En América Latina se viven tiempos contradictorios. Se mantiene el quehacer del neoliberalismo en un contexto cada vez más hostil a sus postulados. Durante 30 años, desde los 70 del siglo XX, los países de la región, con excepción de Cuba, abrazaron el ideario de una segunda modernización imbuidos de un discurso mesiánico enraizado en los principios de la economía de mercado y en la crítica a la democracia social. Sus ideólogos presentaron el proyecto como parte de la refundación del capitalismo en medio de una crisis económica de hondas proporciones. La estanflación, fenómeno que une inflación y recesión, pareció ser el principio del fin del Estado de bienestar, y sobre sus ruinas se articuló un proyecto político destinado a cambiar los acontecimientos. Una transformación radical en las formas de acumulación de capital y en las relaciones sociales de producción. Sustituir la vieja clase dominante y la burguesía nacionalista. Se requería una nueva elite dirigente y empresarial sin apego a valores ideosincráticos y culturales nacionales, con desprecio hacia las políticas públicas, abiertamente antiestatal y de ideología anticomunista. Ellos serían los predestinados para dar carpetazo al esquema keynesiano de capitalismo con rostro humano y lanzarse a la aventura del neoliberalismo salvaje. Era el momento de pasar a la ofensiva e imponer por la fuerza o por consentimiento, si se daba la ocasión, una dinámica donde la racionalidad y eficiencia de la explotación del hombre por el hombre se asentara en las leyes del mercado y la competitividad sin límites. Las nuevas elites empresariales y políticas desplazan su mirada a la transformación del orden económico mundial en el contexto de un capitalismo trasnacional que busca imperiosamente reconstruir su hegemonía política dañada por las luchas antimperialistas y de liberación nacional en Africa, Asia, América Latina y Medio Oriente.

El mundo de la guerra fría se transforma. Estados Unidos pierde la guerra en el sureste asiático. El síndrome de Vietnam y el Watergate unidos a una fuerte depresión mundial y el alza de los precios del petróleo hacen temer el hundimiento del orden mundial. Muchos hablaron de debacle del capitalismo. El miedo hizo que cambiaran las cosas. Por primera vez, tras los años 50, Estados Unidos se vio en la obligación de compartir liderazgo. Japón y Europa occidental ganan protagonismo. La distribución del poder en el bloque capitalista se asienta sobre otro consenso. Es el nacimiento de una organización propuesta por la voluntad de David Rockefeller, la Comisión Trilateral, creada en octubre de 1973. Su composición no deja duda de su objetivo. Empresarios y banqueros, altos cargos de las administraciones políticas, ideólogos y teóricos de la nueva derecha y dirigentes sindicales de marcado tinte anticomunista. Por citar algunos de sus miembros recordemos IBM, Hewlett-Packard, Xerox, Coca-Cola, EXXON, AFL-CIO, CBS, The New York Times, personas del Departamento de Estado, administración pública y servicios de inteligencia de Europa occidental, Estados Unidos y Japón. Su primer informe, con prólogo de Zbigniew Brezezinski, es redactado en 1975 por Samuel Huntington en la parte estadunidense, Michel Crozier para el espacio europeo y Joji Watanuki para el apartado japones. De él surgen conceptos tales como democracias tuteladas, restringidas, gobernabilidad e ingobernabilidad. Su título genérico es: La crisis de las democracias. Informe sobre gobernabilidad y democracia. Aprobado por su asamblea general, se convirtió en su texto programático. Lo más destacable: la crítica a la influencia de los intelectuales, los medios de comunicación y la movilización de los sectores marginales en la dinámica de gobierno. Para la Trilateral, el mejor orden gobernable, dirá el informe, requiere generalmente de medidas de apatía y no compromiso de la ciudadanía o grupos de individuos. Desmovilizar y desarticular la sociedad civil. Corregir los excesos de la democracia social y política sobre la base de imponer una democracia de mercado son el centro de la estrategia de la comisión. Había que poner manos a la obra y realizar una segunda modernización del capitalismo. En Latinoamérica, confecciona un informe específico: América Latina en la encrucijada, los desafíos de la Trilateral. Sus autores, el ex embajador estadunidense en Chile George Landau, presidente de la Sociedad de las Américas; Julio Feo, presidente de Holmes and Marchant-España y secretario general de la presidencia del gobierno socialdemócrata de Felipe González, y por último Akio Hosono, presidente de la asociación del Japón para estudios latinoamericanos. El prólogo se deja al ex secretario de la Cepal y en ese momento presidente del Banco Interamericano de Desarrollo para que levante el acta de defunción de las políticas públicas y la acción social del Estado propuestas años atrás por él mismo. En el apartado de recomendaciones señala: "dado que las economías de los países de la Trilateral tienen fundamentalmente un carácter liberal, no serán nuestros gobiernos quienes asignen los recursos en la cantidad y tipo que las naciones de la región necesiten. Sólo el sector privado dispone del capital, la tecnología y la pericia que son realmente necesarios y, de hecho, la comunidad empresarial sólo comprometerá estos recursos en aquellos países que hayan creado las condiciones en las que se puedan emplear rentablemente". Todo está pensado. Reforma del Estado, apertura económica financiera y comercial, preminencia del capital privado en la asignación de recursos, flexibilidad del mercado laboral y liberalización del mercado del dinero. En definitiva, el proyecto neoliberal.

En los años 90, en América Latina, la modernización parecía haberse completado. Todos los países, excepto Cuba, habían seguido al pie de la letra las recomendaciones de la Trilateral, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etcétera. Sin embargo, la desarticulación del Estado y la aplicación de las propuestas neoliberales no han resuelto ningún problema estructural de las sociedades latinoamericanas. La capacidad de generar riqueza, empleo y bienestar por parte de empresarios no se ve por ninguna parte. Las privatizaciones y la reconversión industrial debilitaron el Estado y los servicios sociales. Los cambios en la estructura social y de poder han traído un orden oligárquico y excluyente, mayor marginalidad, pobreza y dependencia económica de los países centrales. El neoliberalismo ha sido un fracaso, hoy se cuestionan sus principios. Es necesario una nueva transición que va del neoliberalismo a la reconstrucción de un Estado político con democracia social capaz de romper el círculo neoliberal. Venezuela primero, Brasil, Uruguay y las luchas en Bolivia, Ecuador, México y Argentina pueden indicar el camino de las reformas y de las revoluciones.

Fuente: Rebelión
24.07.05
24/07/2005 20:42 Enlace. Tema: Internacional No hay comentarios. Comentar.




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